El Silencio de la Excelencia: una Autocrítica Necesaria
Nunca pensé que mi mayor legado sería una obra dedicada a la palabra escrita, especialmente habiendo luchado gran parte de mi vida con los desafíos de la palabra hablada. Como alguien que ha transitado el camino de la dislalia, enfrentando retos en la fonética y la ortografía que otros dan por sentados. Aun así, me atreví a tanto por que para mí el lenguaje fue siempre un territorio de combate personal. Sin embargo, no permití que esto fuera una limitación, sino un impulso hacia la resiliencia. Existe una ironía maravillosa en este proceso: quien más dificultades encontró en la forma de las palabras, terminó siendo quien más se empeñó en que la voz científica de nuestra especialidad fuera impecable, firme y eterna. Entendí que no importaba si mi voz encontraba tropiezos al hablar, siempre y cuando nuestra ciencia encontrara un lugar donde nunca más pudiera ser silenciada.
Esta lucha personal se convirtió en el reflejo de una lucha gremial. Existe una máxima en el mundo académico que dicta que la medicina que no se escribe, simplemente no existe. Durante décadas, nuestra Sociedad estuvo sumida en su propia forma de “mudez”: nos forjamos como excelentes médicos fisiatras en la práctica clínica, pero aceptamos con resignación el papel de mediocres documentadores de nuestra ciencia. La pericia clínica que se ejerce y no se sistematiza está condenada a ser una simple anécdota o, peor aún, una forma de irrelevancia. Cada caso exitoso solía morir en la oscuridad de un archivo; allí, entre el polvo y la indiferencia, yacía un cementerio de datos vitales que habrían podido transformar la salud pública de nuestro país y validar nuestro impacto social.
El Acto de Soberanía: el Nacimiento de la Revista
Históricamente, la Sociedad Venezolana de Medicina Física y Rehabilitación (SVMFyR) se comportó como un consumidor pasivo de ciencia; éramos la audiencia de los hallazgos ajenos, nunca los autores de los propios. Carecer de un órgano de difusión formal no sólo nos restaba visibilidad, sino que nos excluía del mapa científico global. En el marco del quincuagésimo aniversario de nuestra Sociedad, decidimos romper ese silencio. El lanzamiento de la Revista Venezolana De Rehabilitación. Nuestra revista no fue un capricho administrativo, sino un acto de soberanía intelectual. Era el único camino para dejar de ser una filial de saberes extranjeros y convertirnos en una autoridad científica local.
Durante mi desempeño como secretaria científica por dos períodos consecutivos, asumí la responsabilidad de materializar este sueño. Mi inspiración germinó al observar el rigor de las revistas hermanas de Colombia y México. Recordaba mis tiempos como vocal en la directiva nacional (1997), cuando elaboraba el boletín informativo para apoyar al bibliotecario; aquel esfuerzo fue la semilla que me permitió entender que la comunicación es el sistema nervioso de cualquier sociedad médica. No fue sencillo; me dolió la apatía de algunos miembros letrados, pero la de terminación fue mayor, y con el respaldo de la directiva y el apoyo de un webmaster (Lic. José L. Malpica) iniciamos una gesta titánica.
Una Odisea Administrativa y el Valor del Rigor
Lograr que esta revista naciera fue una prueba de resistencia física y emocional. Empezar de cero, implicó investigar procesos editoriales y legales. Mi compromiso me llevó a emprender travesías constantes entre el estado Bolívar y la capital, con documentos elaborados y la urgencia de quien sabe que está haciendo historia. En la Biblioteca Nacional de Caracas me enfrenté a la burocracia más cruda: citas fallidas, falta de personal y trámites paralizados por pagos internacionales pendientes del Estado. Fueron días de espera en salas frías, insistiendo y gestionando, porque entendía que cada sello obtenido era un ladrillo en nuestra identidad científica. Aprendí que la ciencia en nuestros países no sólo requiere inteligencia, sino una terquedad inquebrantable. En el mundo académico globalizado, lo que no está indexado no existe. Establecimos un Comité Editorial con un rigor inédito. Propuse como editor a mi profesor, el Dr. Edgar Gómez Gómez, cuyo liderazgo ha sido un pilar de ética y exigencia hasta hoy. Implementamos la Revisión por Pares (Peer Review), garantizando que nada de lo publicado sea un “favor”, sino una contribución validada.
El Relevo y el Futuro: Hacia una Evidencia Local
Al terminar mi rol, como secretaria científica, el liderazgo de esta labor pasó a manos del Dr. Francisco Estudillo. Comprobar que el proyecto no decayó, sino que se fortaleció en sus manos y en las de quienes le siguieron, es mi mayor recompensa. Hoy la revista está más viva que nunca, esperando todas las ciencias que nuestros agremiados puedan suministrar, para nutrirla. La tarea apenas comienza. Debemos consolidar la modalidad semestral y fortalecer nuestra presencia digital. Una revista propia nos otorga la soberanía de validar tratamientos en nuestro contexto real y ofrecer soluciones adaptadas a nuestra realidad. “Medicina Basada en Evidencia Local”. Este proyecto es ahora el faro para las nuevas generaciones de fisiatras, quienes podrán leer a sus propios maestros y verse reflejados en sus investigaciones.